sábado, 16 de noviembre de 2019

3:00 AM


Cuántas noches de insomnio
serán necesarias
para soñarte con los ojos abiertos
                     y decirte
en esa calle onírica,
bajo este cielo de papel,
junto a aquel árbol azul,
frente a todas las casas en que estás
bebiendo tu taza de té
donde navegás
con el nombre de un hombre
en la punta de la lengua
y una cuchara robada
a los perros de siempre;
que me crecen dos puertas
en mi cama desierta
                    y se abren
para que el hijo de tu ausencia
le pregunte a mi sombra
cuándo volverás a casa
caminando en puntas de pie
y dormirás en los brazos
que todavía no existen.


De ‘‘Edel: el libro de once puertas’’

Omar Ochi



miércoles, 6 de noviembre de 2019

Sobrenatural


El hombre de la armadura de arena
descubre un cuenco de agua y luz
en la boca del desierto
y en la noche de los escorpiones.
El almacenero de mi barrio
despierta a las seis de la mañana
con una mujer atravesada en su garganta
y, a eso de las diez y media,
le entrega un bollo de pan
a un niño sin rostro
que corre hacia otro niño
y le pregunta: ‘‘Este pedazo de cielo
que hoy nos hacía falta
¿es un verdadero milagro?’’,
y el ángel sin lengua responde:
‘‘No sé, no entiendo lo que se dice
con palabras de viento y harina,
pero estoy seguro de que existe algo más’’.

La mujer encadenada
frente a la edad del olvido
cierra los ojos, abre un gemido
y se convierte en el pájaro
que los esclavos del peor Adán
recuerdan para potenciar el dolor.
La anciana que mendiga
billetes arrugados en su silla de ruedas
agacha la cabeza, levanta la frente,
encuentra la sonrisa
de un artista que se detiene en la vereda
(detiene el mundo)
y le dice con las cinco cuerdas
de su guitarra rota:
‘‘No tengo oro, ni gemas, ni un mango.
Tampoco algún boleto a París bajo la manga.
Pero esto que te doy ahora
es el valor, el precio, las alas y el reflejo
de que existe algo más.

El perro que lame la primera lágrima
de la muchacha que empieza a llorar
por desempleo, acoso o desamor;
el soldado que regresa a casa
con dos piernas, dos brazos y tres vidas;
el caminante que alcanza la cima,
el beso de una estrella,
la moraleja de la montaña
cuando parecía que todo estaba perdido;
aquel cerro, este río, los puntitos blancos
en el mapa de los mártires
que alimentan a su enemigo,
el abrazo, el maná, el amor de una madre
son complicidades
del barro y las manos
que intentan decirnos
que siempre existirá algo más.

Existe algo más…
                    Hay algo más…

Hay alguien más en este país
donde ‘‘Nadie’’ es tu nombre
para huir de la cueva del cíclope
o, acaso, el único ojo
con el que estás acostumbrado a mirarte.


Omar Ochi



Acerca de los que no mueren



El piloto argentino vuela cerca de la superficie del mar para que su nave no sea detectada por los radares ingleses. Sabe que la mínima imprecisión de una maniobra aérea podría hundir su vida y su patria en la ceguera del abismo y no en la historia de un pueblo. Lo que no sabe es que, del otro lado del tiempo, alguien alcanza a verlo y construye un avión con la carta que nadie le escribió. El avioncito se eleva, resiste los dientes del viento, pierde el equilibrio y se hunde en un charco. Las palabras también se hunden. El sueño, la inocencia, la batalla se hunden... Sin embargo, el piloto sigue volando.


De ‘‘Cuarenta formas de ser invisible’’

Omar Ochi